martes, 14 de noviembre de 2017

HABITAT (2017) En Algún Lugar


En la línea de bandas más actuales como Tenpel, Catorce o Aphonnic y continuando el legado de otras ya desaparecidas como Coilbox, Hedtrip o Nothink (sin necesidad de ser ninguna copia de las nombradas), los sevillanos Habitat nos regalan un contundente debut que lleva por título En Algún Lugar que hará las delicias de cualquier amante del metal alternativo más añejo. Formados como quinteto, John, Dario, Antonio, Pascual y Enrique consiguen un sonido crujiente y delicado al mismo tiempo, envuelto en una producción realmente envidiable y una solidez como banda y carta de presentación absolutamente sorprendente. Para ser un primer disco, realizado desde la humildad, con pocos medios y con una promoción prácticamente inexistente, estamos hablando de una banda con potencial y calidad de sobras como para destacar entre la vorágine de bandas que pueblan el underground.


Sin duda alguna, una de las mayores bazas del disco es el registro vocal de John y la batería de riffs de guitarra que atesora la obra en cuestión, dos de los aspectos más claros sobre los que pivota este En Algún Lugar. Obviamente uno de los grandes obstáculos a la hora de enfrentarse al disco de Habitat es la de retomar la vertiente del metal alternativo (tan en voga desde mediados de los 90 hasta bien entrada la década pasada) a estas alturas de la película. Lo que digo siempre, prejuicios fuera a la hora de escuchar música, es lo mejor para apreciarla de verdad. Un estilo que nunca ha acabado de estar muerto (aunque sí que ha quedado muy en el underground de la escena musical globalizada) y que a día de hoy gente como los nombrados Catorce o los propios Habitat son capaces de recuperar, ensalzar y rendir el merecido tributo desde el mayor de los respetos con una convicción y una calidad sumamente atractivas.

Enérgico, directo y luminoso (no será precisamente por su diseño de portada al que todavía no le he pillado el punto), En Algún Lugar ni innova, ni falta que le hace. Su dirección musical es lo suficientemente intencionada como para no tener que valorar en ningún momento la originalidad y por el contrario centrar nuestros esfuerzos simplemente en la composición, la pegada y la ejecución de un estilo del que (muchos) ya se apearon hace tiempo y por el que ellos apuestan como caballo ganador. Lo que está claro es que si el "revival" del estilo tiene que estar capitaneado por bandas como estos Habitat, ya me podéis estar poniendo el menú completo con postre, café, copa y puro que no le voy a hacer ascos de ningún tipo.

Puntuación 7

domingo, 12 de noviembre de 2017

THE UNFINISHED SYMPATHY (2017) It's A Crush!


Probablemente la banda con la más me he sentido musicalmente indentificado y emocionalmente ligado en toda mi vida. Lo digo con convicción y sabiendo que en mi evolución musical como oyente he tenido (y tengo) decenas de bandas favoritas en todos los estilos habidos y por haber, pero desde que The unfinished Sympathy debutaran en largo con aquel disco autitulado para Bcore a principios de la década pasada (su nacimiento data justo en el cambio de milenio), el amor a primera vista, el flechazo inmediato, precisamente ese CRUSH! del que habla el disco, es lo que sentí y singo sintiendo cada vez que los escucho. Desde entonces, mi relación con su música no ha ido más que en aumento hasta el día de hoy. Disfrutando, viviendo y devorando cada acorde y cada letra como si me fuera la vida en ello, lo integrados que los tengo en mi ADN desde hace casi 20 años los hace poseedores del título de mi banda favorita nacional de todos los tiempos.

 

Desaparecidos de los escenarios (y los estudios de grabación) como banda durante 5 largos, duros y tristes años, el regreso por todo lo alto lo protagonizaron en el 2015 con un histórico y épico concierto en el Apolo conmemorando el 25 aniversario del sello Bcore en el que nos pusieron a todos por las nubes con una actuación que, aunque algo breve, demostró que los Unfinished siguen teniendo el mojo-hyper-molón y la fuerza arrebatadora del directo absolutamente intacta. Convencidos de nuevo de su potencial como banda y habiendo girado por la geografía española durante los meses posteriores al citado concierto de reunión, el súpergrupo fromado por Èric (Fuentes), Víctor (García), Oriol (Casanovas) y Joan (Colomo) se meten en el estudio una vez más, junto al imprescindible Santi García, para facturar el esperadísimo sexto disco de The Unfinished Sympathy y salir de allí con un nuevo catálogo de redondeces pop marca de la casa absolutamente irresisitble.

 

It's A Crush! es breve, directo, conciso y perfecto hasta en su imperfección. Un disco de esos que no eres capaz de quemar ni poniéndolo 20 veces al día, de esos que puedes dejar en bucle infinito durante días y salir de casa todos y cada uno de esos días igual de enchufado que el primero. Un disco que es capaz de hacerte pasar por incontables cambios emocionales de manera vertiginosa en formato roller-coaster y salir de él renovado, con fuerzas y con unas ganas locas de volver a pincharlo. Temas como la dura Narcotic Fiancee, la emotiva Sentimental Shock, la inicial Goodbye/Hello, la sugerente Sensual Tension, la sorprendente Eyes Get Used To Darkness, la musculada Christen Me, la divertida The Wellfare State, la preciosa Loveshake, la oscura Night Shift, la seria A Joyful Dirge o la frágil Vapor Stairs (las he dicho todas, sí, ¿qué pasa?), se han convertido ya en imbatibles e imborrables delicias pop en forma de breves y certeros pildorazos musicales capaces de alegrar, facilitar y acompañar mi vida de la mejor manera posible, con la música que más me llega y que más me mueve por dentro... y por fuera. Obviamente el disco está producido y masterizado por los hermanos García en los Ultramarinos Costa Brava (como no podía ser de otra manera), una vez más y por siempre (por favor). 


Sé que ellos mismos no lo tendrán en cuenta, pero estamos hablando de uno de los súpergrupos más descomunales que tenemos dentro de nuestras fronteras. Para los que no sepan nada de ellos como músicos fuera de The Unifinished Sympathy, os digo que a poco que rasquéis mínimamente en los diversos proyectos en los que milita y ha militado cada uno de ellos, os podéis pegar una sesión imbatible de estilos, propuestas y direcciones musicales tan variadas, ricas, creativas y diversas que cualquier amante de la música se debería hacer polvo de placer con ella.

Puntuación 10 

jueves, 9 de noviembre de 2017

ALDOUS HARDING (2017) Party


Party es el segundo disco de la joven neocelandesa llamada Hannah Harding, conocida artísticamente como Aldous, y que significa nada menos que su debut para el famoso sello inglés 4AD. Definida por ella misma como cantautora de folk gótico, sus anclajes con el folk de los 60 y los 70 (con claras influencias de la Nico de la Velvet y la impresionante Joni Mtchell) funcionan a las mil maravillas a la hora de tomarlos como referencia, pero es innegable que el estilo y la personalidad de la Harding sobrepasan con creces dichas influencias para ofrecer algo único, intransferible y arrebatador. Simple y llanamente, estamos ante uno de los mejores y más originales discos de folk de la presente década.

 

Si bien es cierto que la producción del disco (concisa, estudiada y orgánica de manera descomunal) es una de las bazas más impactantes del disco, la mano del maestro John Parish a los mandos quién además ha colaborado de manera activa como músico en la grabación del disco ha sido más que providencial, la extrema desnudez de la Harding a la hora de interpretar sus temas es lo que realmente te enamora sin remisión una vez sucumbes a los placeres sonoros y vocales de este mágico Party. Exponiendo el folk desde un punto de vista poco convencional y dotando a cada uno de los temas de personalidad propia haciéndolos únicos y diferentes entre si, el disfrute se convierte en una experiencia tan diferente y excepcional como la de verla en directo.

 

Precisamente ayer tuve la suerte de poder verla en directo y he de decir que la experiencia me voló la cabeza en varios sentidos. Evitando de manera expeditiva lo bonito, preciosista y agradable de su puesta en escena, la interpretación de la Harding en directo es tan especial, diferente y única, que no a todos fue capaz de convencer. Con una asistencia tristemente floja al concierto, no había más de 30 personas en la nueva 2 del Apolo de Barcelona, los pocos que nos juntamos anoche salimos de allí con una sensación extraña, incómoda en algunos casos e incluso de rechazo para muy pocos. Con una interpretación vocal que superó con creces las mieles del estudio y una habilidad a la guitarra que dejó a más de uno con la boca abierta, sus cualidades artísitcas fueron más allá de lo esperado y nadie fue capaz de ponerlas en duda. Pero su lenguaje corporal, y sobretodo el facial, supuso un tour de force para los asistentes que no entendían (ni se acostumbraban) a su histriónica manera de interpretar. Su manera de colocarse la guitarra, prácticamente en la barbilla, las extrañas posiciones que adoptava sobre la silla, piernas abiertas en todo momento y prácticamente recostada y chafada sobre el asiento, y sobretodo sus esperpénticas muecas a la hora de cantar, estamos hablando de puro feísmo y deformación facial a niveles estratosféricos, hizo que la mayoría de presentes pensara que la Harding iba hasta las cejas de droga dura. 

 

Su tímida comunicación con el público, que solamente incluyó un breve -thank you- después de cada canción, todavía hacía sospechar más. Pero nada más lejos de la realidad, ya que poco después de acabar el concierto coincidimos con ella en la puerta de la sala comprobando que nada de lo sospechado era verdad y que todo se debía a una extraña protección que utiliza para superar su miedo escénico y poco más. Nos firmó el disco con una mezcla de humildad, verguenza, timidez y sorpresa realmente tierna y agradable. Pero de lo que no hay duda alguna, es que la Harding es un animal del directo como pocos te vas a encontrar, que rechaza de manera directa esa sensación de belleza descomunal tan ligada al folk, para ofrecer unas formas y unas maneras de las que, al menos yo, no puedo más que alabar y engrandecer de manera inequívoca. Para que nos entendamos en qué nivel de muecas enervantes está la Harding, aquí va mi ranking personal. En tercera posición tendríamos a nuestra querida Pavvla, en segunda a la descarada Este de Haim (quien hasta ayer estaba posicionada como la primera de manera indiscutible), y después del repertorio de caretos extremos de ayer en el bolo de la Harding, os puedo garantizar que la neocelandesa se lleva la palma con pocas opciones de que nadie la pueda desvancar.

Puntuación 10

miércoles, 1 de noviembre de 2017

JULIEN BAKER (2017) Turn On The Lights


La jovencísima Julien Baker (22 años) acaba de estrenar su debut para Matador Records con el que supone su segundo disco largo después de que nos atravesara el alma y el corazón con su anterior Sprained Ankle del 2015. Del que además pudimos disfrutar en directo en un más que memorable concierto en el Primera Sound del siguiente año en el que llegó a interpretar el disco prácticamente entero. Natural de Memphis, Julien se describe como masoquista, hipócrita (al menos en sus canciones), dada a la depresión, muy falta de amor propio, amiga de las inseguridades y las sustancias nocivas, de una fragilidad mental preocupante y de una facilidad pasmosa para el sufrimiento personal. Todo eso se ve reflejado en sus canciones de manera natural y sin tapujos, pero en este Turn Out The Lights, parace que el espacio, aunque muy reducido, para la esperanza está ahí, escondido y algo camuflado, pero está ahí.

 

La intención de la Baker era la de alejarse conscientemente de un disco que estuviera abocado a profunda depresión y la desgarradora desesperación en la que ella se ve sumida gran parte de su vida y darle es punto esperanzador y luminoso que tiene la musicalidad de sus canciones. Prueba superada, aunque hay que admitir que siendo algo más "luminoso" que su debut, seguimos teniendo a la misma Baker hiriente, atormentada y autodestructiva de la que nos enamoramos hace un par de años. Una de las diferencias más claras con su debut, obviando el sueño realizado de estrenarse en el sello de Chris Lombardi, es la inclusión en varios de los temas del disco de instrumentaciín adicional más allá de su inseparable guitarra y los escarceos amorosos con el piano.

 

Lo íntimo de su interpetación y lo amable de su ejecución resuenan de manera providencial con las colaboraciones a las cuerdas de Camille Faulkner, en nada menos que cinco de los temas, y la aportación a los vientos de Cameron Boucher, en dos de los cortes, añadiendo ese plus a los arreglos que engrandecen y empacan las canciones de la Baker sublimando conscientemente un trabajo que excede con creces lo presentado en su debut, algo que era prácticamente imposible de hacer, y solidificando una posición como cantautora joven capaz de subir hasta lo más alto del podio por méritos propios. Solamente espero que lo atormanetado de su persona no acabe por vencer a la esperanza un día de estos. Por ahora podemos seguir disfrutando de ella y su gira pasará por Barcelona el próximo 19 de Noviembre en la sala Apolo.

Puntuación 10

martes, 31 de octubre de 2017

IRON MONKEY (2017) 9-13


Como dijo Doug Dalziel en su día (bajista de la banda desde 1994 hasta 1999), -Iron Monkey es una banda creada para tocarle los cojones al mayor número de gente posible-. Vamos a ir por partes, más allá de seguir en su marcada línea nihilista y de odio extremo hacia todo lo establecido, tener en la espalda un disco tan referencial y monumental como el Our Problem de 1998 y sufrir la pérdida de un frontman tan descomunal como Johnny Morrow por el camino (1974-2002), hay que admitir que el trío actual formado por Steve Watson (ahora al bajo), Jim Rushby (a la guitarra y a las voces) y el recién llegado Scott "Brigga" Briggs (a los parches), ha conseguido resucitar al Mono de Hierro de la manera más fidedigna posible pudiendo mirar cara a cara al breve pero intenso legado de la banda que se inició hace nada menos que 20 años.

 

Obviamente estamos en un momento en el que un nuevo disco de Iron Monkey no se puede convertir en lo referencial de su predecesor. El estilo ha crecido, mutado y se ha  multiplicado exponencialmente durante las últimas dos décadas conllevando una masificación (aunque dentro del underground) de grupos capaces de competir dignamente (sin demasiadas esperanzas de ganar) con los Monos ingleses. Como claro ejemplo de lo que digo podríamos hablar de los incontables proyectos que han solidificado varios de los miembros originales de los Iron Monkey, bandas como Eyehategod, Acid Bath, Grife, Armour Of God, Dukes Of Nothing o incluso los más experimentales y fuera del estilo Cripple Black Phoenix sin que ninguna de ellas haya llegado a copar la intensidad, brutalidad y calidad de éstos.

 

Pero de lo que no hay duda ninguna es que cualquiera que disfrute del estilo y los escuche por primera vez, o que vuelva a acudir a ellos con la esperanza de reencontrarse con aquella mítica banda que nos voló la cabeza con su Our Problem hace 20 años, no se verá defraudado en ningún momento obteniendo como resultado uno de los mejores discos de sludge en la historia del estilo. Si tuviéramos que comparar sus dos trabajos anteriores con la nueva época de los Iron Monkey los dos variantes más claras serían las siguientes:
-La voz de Rushby contra la del difunto Morrow, a lo que tengo que añadir que en ocasiones incluso me gusta más la de Rushby (algo que jamás hubiera pensado).
-Y por supuesto los tempos, aquí mucho más veloces y aniquiladores cortesía de un batería absolutamente inhumano. 

Poseedor de un groove machancate devastador, una sección rítmica capaz de demoler los cimientos de un eficio de 30 plantas, unas vocales que reventarán tus tímpanos haciendo sangrar tus orejas sin compasión y un empaque global tan jodido y devastador como meterte una barra de 20 cms de diámetro de acero candente por el recto, 9-13 es lo más cerca que vas a estar del infierno más desolador e incómodo en esta noche de Halloween.

Puntuación 9

martes, 24 de octubre de 2017

XAVIER CALVET (2017) Firebird


Después de enterarnos este mismo año de su colaboración en esa reciente obra titulada The Heartbreak Campaign del proyecto en el que colabora llamado Jamie 4 President (del que también hablaremos tarde o temprano por estos lares) pasando a formar parte de la banda de manera estable, Xavier Calvet acaba de estrenar   su primer disco en solitario titulado Firebird. Un disco que bebe claramente del americana, de la misma manera que bebe del country, del folk y del pop (o incluso el power-pop en algún momento) poniendo en nuestras mentes voces tan reconocibles como la de Ryan Adams, Evan Dando, Bruce Springsteen o mis amados Jimmy Eat World.

 

Destacando sobre el tapíz las nombradas influencias, Calvet consigue facturar una obra que desborda personalidad y actitud por los cuatro costados. Con la ayuda de su guitarra acústica y la de unos cuantos compañeros (y amigos) de profesión, Vidal Soler de Copa Lotus a la guitarra electrica, lap steel y mandolina, Guille Caballero de Els Surfing Sirles y Joan Colomo a los teclados, Enric Pla de Bullit y Víctor García de The Unfinished Sympathy y Dulce Pájara de Juventud a las baterías, Marc Clos de Nueva Vulcano y The New Raemon a las percusiones y el vibráfono, y el propio Santi Garcia de No More Lies y Jeremy Enigk al bajo, además de haberse puesto a los mandos de la grabación y la producción del disco, nada podía salir mal.

 

Enfocado desde una perspectiva personal y autobiográfica, tanto las formas (sumamente delicadas),  como el contenido (de una fragilidad emocional preciosa) y la interpretación (de una sinceridad arrebatadora), Firebird maneja conceptos tan emotivos como la vida, la muerte o las relaciones humanas con una valentia abrumadora. Puede que para algunos, sobretodo después de sus aventuras junto a Bullitt y su nuevo proyecto conjunto recién estrenado, esta faceta de Calvet se presente de manera sorpresiva, pero para los que conocen sus gustos y bandas favoritas, Firebird es la extensión natural de la formación musical de Xavier Calvet plasmada en disco.

Puntuación 9

lunes, 23 de octubre de 2017

BECK (2017) Colors


Plagado de luz y de color, el décimotercer álbum de Beck Hansen titulado Colors es una fiesta pop a todas luces que te pondrá a bailar, disfrutar y sonreir para verlo todo de la manera más positiva y colorista posible. Mientras que su anterior Morning Phase (un disco que funcionó a las mil maravillas tanto para la crítca como el público en general) utilizaba un tono melancólico evidente con un ritmo pausado y delicado, Colors sucumbe a la alegría, a la fiesta y al bailoteo actulizando su sonido a la era actual (acercándose al mainstream sin complejos) sin ceder un ápice de su peculiar personalidad y reutilizando las fórmulas que hacen de su música un mundo tan único y atractivo.

 

Firmando el trabajo bajo la batuta de Greg Kurstin (Sia, Adelle, Pink, Kelly Clarkson), el productor y multinstrumentista (amigo íntimo de Beck desde hace años) se ha encargado de encerrarse en el estudio para componer y tocar mano a mano junto a Beck este magistral Colors, un disco que posiblemente no todo el mundo lo coloque a la altura de barbaridades incontestables como el Mellow Gold o el Odelay, pero que merece todos los elogios y más. Si bien es cierto que el disco intenta llevar su estilo hasta las ligas más masificadas, es innegable que estamos ante un disco que mucho tiene que ver con la personalidad de Beck y su auténtica manera de hacer las cosas. Según Beck, el disco que más tenían ambos en mente a la hora de grabarlo era el Thriller de Michael Jackson.

 

Si tuviéramos que buscar una referencia dentro de su discografía que casara con el carácter y el espíritu de este Colors, sin duda alguna tendríamos que estar hablando de aquel discotequero y sumamente pop Midnight Vultures con el que Beck nos sorprendió y alucinó sin remedio a finales de la década de los 90. Por mucho que aquel fuera infinitamente más experimental que su nuevo disco, es indudable que el carácter pop desenfadado, alegre, funky y bailable de aquel se emparente enormemente con este Colors. Eso no quiere decir, ni mucho menos, que Beck haya repetido disco (creo que eso es algo que Beck no podría hacer ni queriendo), estamos ante otra obra que brilla por sus propios méritos y engancha desde el minuto cero gracias a su desparpajo y accesibilidad inmediata, pero eso no quita que sea igual de reconocible que siempre y que pivote nuevamente dentro del variable, expandible y colorista universo de Beck Hansen.

Puntuación 9