jueves, 19 de abril de 2018

PENNYWISE (2018) Never Gonna Die


Más allá de encontrarnos en un momento en el que uno de los payasos favoritos del cine de terror vuelve a estar de moda gracias al remake de IT facturado por el argentino Andy Muschietti el pasado año, y de la que estamos esperando con ansiedad su resolución final en forma de secuela para el 2019, la banda de punk californiana que toma el nombre del más famoso asesino bufón creado por Stephen King en 1986, vuleve al candelero cuatro años después de su última factura de estudio (Yesterdays, 2014) para demostrar la experiencia y el grado que suponen estar en la cresta de la ola del punk-rock americano durante los últimos 30 años sin opción a ser desbancados.

 

Cierto es que no todo ha sido un camino de rosas. En 1996 se suicidaba su bajista original Jason Thirsk a quien dedicaban el siguiente largo (Full Circle, 1997) y al que finalmente acabó sustituyendo Randy Bradbury, profesor de bajo de Thirsk. Otro de los baches gordos al que tuvieron que hacer frente fue cuando en 2009, su vocalista Jim Lindberg decide salir de la banda por cansancio dejando huérfano al combo, capitaneado ahora por su guitarrista Fletcher Dragge que encontró en Zoli Téglás, vocalista de la también banda de hardcore Ignite, el sustituto y el revulsivo perfecto para volver a la carretera después de firmar uno de los mejores y más frescos álbums de su carrera con aquel magistral All Or Nothing en 2012. Sinceramente uno de los aciertos más solventes y sólidos de toda su carrera. Pero la intención de Téglás no era la de quedarse permanentemente en Pennywise y después de un aparatoso accidente en la espalda durante un concierto en Alemania y estar en contacto con Linberg durante su recuperación, es a finales de ese mismo año cuando Lindberg anuncia su retorno al redil garantizando un álbum de estudio previsto para el 2014.

 

Llega el 2014 y con él se materializa la promesa del nuevo álbum. Yesterdays es un trabajo sin demasiadas expectativas que retoma la garra y la fuerza que la banda proyectaba antaño de manera bastante convincente. Dato que juega enormemente a su favor consiguiendo recuperar el fueye perdido y ponerse de nuevo a la cabeza del punk rock californiano a la par con sus compatriotas Lagwagon quienes siguen también en una brecha tan estable como intachable.  Retomado el liderazgo y tomándoselo con la calma de la edad y la seguridad del veterano que sabe como hacer las cosas, Pennywise vuelve al estudio este 2018 para facturar este momenutal Never Gonna Die, un disco que engloba con carácter y certeza su posición socio-política, de la que siempre han hecho gala, con una colección de 14 canciones tan irresistible como imbatible.


Dudo mucho que a estas alturas de la película Pennywise sean capaces de captar nuevos adeptos en manada, siempre habrá alguien que los descubra con este disco y mire hacia atrás para desgranar su amplia discografía que consta ya de 12 discos de estudios, pero es indudable que su capacidad para satisfacer a sus fans de antaño y de producir misilazos imparables de punk rock de carácter ultramelódico y conciencia social sigue tan intacto como el primer día. Se nota que Lindberg ha vuelto con ganas (y los suyos lo han acogido con los brazos abiertos) de emocionar y vibrar con Pennywise de la misma manera que lo hacemos nosotros.

Puntuación 9

sábado, 14 de abril de 2018

NATOS Y WAOR (2018) Cicatrices



Con unos números que ponen en evidencia cualquier producto abalado por el mainstream y las discográficas de nivel, Natos y Waor han conseguido posicionarse como los auténticos e imbatibles reyes del rap español actual. Con tres trabajos largos firmados bajo el nombre de Natos y Waor, dos referencias en formato EP como Hijos de la Ruina y un par de maquetas editadas al principio de la película, el dúo madrileño ha conseguido llegar a un nivel inalcanzable e inimaginable para cualquiera en su misma situación. El poder de las redes sociales, las escuchas digitales y el clásico boca a boca a hecho de ellos las estrellas más grandes dentro de ese cajón de sastre actual (en el que todo cabe) llamado "música urbana". No os voy a rallar con número de descaragas, escuchas o reproducciones de youtube, pero para que os hagáis una idea de la magnitud de su éxito, el sábado pasado llenaron el Palacio Vista Alegre de Madrid con 11.000 personas haciendo un sold-out en toda regla meses antes de su celebración (y retransmitiéndolo en streaming en directo), y hoy mismo realizarán la répicla catalana en el Sant Jordi Club de Barcelona metiendo a 5.000 personas más colgando el cartel de sold-out desde hace meses también. La evidencia es ya irrefutable.

 

Que Natos y Waor son calle y real ha quedado claro en sus trabajos anteriores. Trabajos en los que la crudeza, la depresión, el alcohol y las drogas de diseño eran los máximos protagonistas de sus líricas imponiendo una oscura realidad que existe y conecta con la juventud de manera inequívoca anteponiendo sus vidas y su desnudez emocional al servicio de un público que los ha adoptado como los redactores de la ruina que les ha tocado vivir a la llamada generación perdida. Tocaba ampliar el campo de acción, enriquecer el estilismo, crecer y madurar. Con un Natos que ha dejado las drogas desde hace un año y por ello (dice) sabe apreciar más las cosas y disfrutar de lo que tiene y un Waor que ha aprendido a ponerse en la piel de un poeta urbano de carácter romántico, Cicatrices se convierte en la evolución necesaria culminando una carrera plagada de éxitos en la que, al menos por ahora, el límite parece estar en el cielo.

 

Colaborando con su inseparable Recycled J una vez más en dos de los temas del disco, el cerdaco de Costa, el sólido Denom, el gran Charlie de Hijos Bastardos y el omnipresente Maka (algo así como el Bad Bunny español por eso de aparecer en casi todos los discos nacionales de música urbana como colaborador estelar), Cicatries consta de 13 cortes grabados en el estudio mano a mano con el mago de las mezclas Pablo Gareta, quien ha contribuido ampliamente al arreglo de muchos de los ritmos que finalmente han formado parte de este prácticamente perfecto tercer largo, Natos Y Waor es el  combo de rap más descomunal que ha salido de Madrid desde los días del Club de los Poetas Violentos. Ampliando considerablemente la versatilidad en las bases y añadiendo unos estribillos simplemente irresistibles (asignatura que tenían pendiente desde sus inicios), Cicatrices es el mejor disco de rap que podrás escuchar este año y posiblemente del año que viene también. No hay competición.

Puntuación 9

jueves, 5 de abril de 2018

JACK WHITE (2018) Boarding House Reach

(portada alternativa)

Habiendo formado parte de uno de los dúos mas reverenciados por mi persona (y la de muchos otros) de finales de la década de los 90 y la primera década de los 2000 (The White Stripes), siendo partícipe de dos de los proyectos rockeros más interesantes de los últimos años (The Dead Weather y The Raconteurs) y habiendo colaborado con artistas tan dispares como incontables de todos los calados (A Tribe Called Quest, Beyoncé, Alicia Keys), la figura artística de Jack White puede considerarse prácticamente como imprescindible dentro de la actualidad rock de las últimos 25 años y, por supuesto, ineludible a la hora de nombrar las personalidades musicales más importantes, notorias, influyentes y referenciales de la música americana del nuevo nuevo milenio. Por todo ello y, sobretodo, por los tres fantabulosos discos en solitario que ha facturado en los últimos 6 años, poder verlo finalmente sobre las tablas de un escenario, evento imperdible que calará el primer día del Festival Cruïlla que se celebra en Julio en el recinto del Fòrum de Barcelona, va a convertirse en un momento sumamente especial para mí.


Con dos discos de estudio a sus espaldas facturados bajo su nombre artístico (Blunderbuss, 2012 y Lazaretto, 2014) John Anthony White vuelve a meterse en el estudio, esta vez han sido tres repartidos entre Los Angeles, Nueva York y Nashville, para facturar el disco más inclasificable y bizarro de toda su carrera. Gestado en un pequeño apartamento de Tenesse en el que White grabó todas las maquetas de las canciones en una grabadora reel-to-reel (magnetófono o magnetófono de bobina abierta) que adquirió cuando tenía 14 años, Boarding House Reach está plagado de sorpresas, matices y variaciones estilísticas de alto nivel y cierta complejidad haciendo de él una obra multidimensional, elástica y alucinógena a partes iguales con la que hay que estar dispuesto tanto a obviar las ideas preconcebidas que podamos tener sobre lo que nos deberíamos encontrar en un disco de Jack White como a sacudirse todos y cada uno de los complejos musicales que podamos tener antes de pegarle una escucha, dato a tener muy en cuenta.


Forjado sobre la clásica base de rock y blues añejo a la que nos tiene bien acostumbrados White en casi todas sus personificaciones musicales y explotada febrilmente en su faceta en solitario, el música natural de Detroit se arma de valor para producir el disco, co-mezclarlo y tocar en él la guitarra, la batería, los teclados y los sintetizadores (ahí es nada) y en el que han colaborado varios músicos de estudio para darle forma a esta obra de orfebrería musicales de dimensiones casi cósmicas. Volcando su versatilidad estilística en cada uno de los temas convirtiendo algunos de ellos en descomunales collages musicales de alto nivel, el disco navega por el soul, el gospel, el funk, el jazz, el country, la experimentación electrónica, el spoken-word o incluso el rap sin sonar forzado en ninguna de sus vertientes y poniendo como testigo único e hilo conductor del disco su variado registro vocal (prácticamente todos los temas tienen efectos en las voces). Una maravilla de órdago a la grande. 


Curioso ver incluido al fin uno de los temas de White que más flirteos y novias ha tenido desde su primer esbozo en 2005 cuando Over And Over An Over iba a convertirse en un tema de los White Stripes para más tarde sonar como una posible colaboración con Jay Z o incluso oír campanas de su grabación en sus días junto a The Raconteurs. Me alegro mucho de que al final haya salido a la luz, lo merecía, y que haya sido precisamente en uno de sus discos en solitario.

Puntuación 9

martes, 27 de marzo de 2018

XXXTENTACION (2018) ?



Con tan solo 20 años, se ha convertido en el protagonista de algunos de los episodios violentos más sonados de la actual escena trap estadounidense, los continuados beefs con Drake y Migos han copado sus historias de instagram desde el inicio de la misma manera que lo han hecho sus peleas con la clicka de Rob Stone o sus entradas y salidas de la cárcel en los tabloides, su capacidad para generar problemas y titulares negativos se ha convertido en una de sus marcas de identidad cargando con el título de rapper peligroso, irasccible y conflictivo hasta el punto en el que es su propia novia embarazada la que lo acaba denunciando por abusos y malos tratos (por lo que ha cumplido condena). Habiendo pisado la cárcel ya en varias ocasiones, una por los nombrados malos tratos, otra por tenencia ilícita de armas y otra por atraco a mano armada, está claro que la vida de Jahseh Onfroy (XXX), convertido en una de las figuras más notorias de la actualidad musical, ha estado siempre rodeada de violencia, destrucción y malas decisiones arrastrando ese halo de supervillano de la escena desde que empezó a salir a la luz.

 

Con un disco debut (17, 2017) en el que los temas centrales eran la obsesión y la depresión, XXX lanza su nuevo álbum acertadamente titulado ? (el que me diga que estilo transita el de Florida le invito a una cena) con el que vuelve a incidir en los mismos temas dejando un espacio concreto para la autoreflexión y la sanación interna e intentar reconducir su vida y su carrera hacia terrenos más inteligentes, maduros y relajados a través de la redención intentado mejorar como persona y como artista. Por de pronto su lavada de imagen ha incluido un trato bastante más cordial y cercano con su base de fans (a los que siempre ha tratado bastante mal) de la misma manera que lo hemos podido ver en actos de caridad infantiles o utilizando mensajes en la red sobre la organización All Live Matters.

 

Plagado de pildorazos de pop etéreo ultra breves que conviven en perfecta armonía con los hits traperos de XXX y sus delirios rap, su versatilidad estilística se plasma de manera reverenciable en este ?, un disco que contiene 18 cortes en tan solo 37 minutos y en el que se concentra de manera inequívoca el carácter abierto e inconformista de este mc con una carrera que apunta tan alto como luna. Removiendo los cimientos del trap para adulterarlos con el horror-core de los 90 y el R&B más vanguardista, XXX consigue llevarnos a terrenos inexpolorados, inspiracionales, evocadores y sumamente artys con una capacidad para molar, ser y estar tan única como esquiva para la escena. No hay nadie como él (y puede que tampoco lo queramos), pero está claro que lo suyo es de una calidad descomunal y si nos detenemos con ganas en este ?, dicha afirmación se torna irrefutable. Es curisoso, dónde parecería bastante normal encontrarnos con un artista escandaloso, explosivo y ruidoso, XXTENTACION se descubre como uno de los artistas más musicales (esas guitarras), íntimos, reflexivos e introspectivos del momento relacionandólo irremediablemente con el recientemente desaparecido Lil Peep y su carácter emo.

 

Sobre las instrumentales tenemos una selección de lo más granado en cuanto a beatmakers se refire, pero todas llevan un sello concreto, un tono emocional muy acentuado, sonidos muy íntimos y personales que casan a la perfección con las reflexivas líricas de Onfroy. Y en cuanto a las colaboraciones, pues casi tan peculiares como él mismo. Infinity con Joey Bada$$, Pain = BESTFRIEND con Travis Barker (Blink-182, Transplants), $$$ con ese irreverente niñato llamado Matt Ox, SMASH! con PnB Rock y la por momentos españolizada I Don' Even Speak Spanish LOL junto a Rio Santana, Judah y Carlos Andrez completan la selección. 

 

SAD!, NUMB, Changes, Hope, Schizophrenia, Going Down!, Moonlight, Before I Close My Eyes o la nombrada anteriormente Pain = BESTFRIEND son títulos bastante descriptivos a la hora de definir la personalidad de un álbum que funciona a las mil maravillas en su concepto de rara-avis consciente de ello. Con una intro titulada Introduction (instructions) en la que nos relata el concepto del álbum y lo que le ha llevado a crearlo, ? funciona como la primera entrega de una anunciada trilogía a la que se suman Bad Vibes Forever y Skins y que debería quedar completada antes de finalizar el año. No podemos esperar más.

Puntuación 10

sábado, 24 de marzo de 2018

FYAH (2018) F.Y.A.H.!


Reduciendo su nombre a la mínima expresión y entregando su cuarto disco de estudio a título homónimo, el Swan (el nombre por el que siempre lo reconoceré), ha facturado el disco más caro de su historia. Eso es algo indiscutible, y no me estoy refiriendo precisamente al presupuesto invertido en él, del cual no tengo la más remota idea (más allá de que masterizarlo en los prestigiosos Studios Sterling de Nueva York su pasta les habrá costado), pero para ser la primera vez que no ha utilizado supporters para financiar el álbum, se lo ha cobrado bien caro a los fans. Poniendo a 25 euros (gastos de envío aparte) el CD en su propia web (¿quién es el valiente que se atreve a vender un cd a esos precios hoy en día?) acompañado de una pequeña postal firmada, esa es la opción más barata que se plantea. Swan, lo siento pero te has pasado tres pueblos, eso ya de entrada.



Por de pronto está claro que estamos ante un disco mucho más orgánico, relajado y accesible. Un disco en el que el madrileño se ha rodeado de músicos reales para muchas de las composiciones, utilizando todavía y muy a menudo los riddims de su inseparable Daddy Cobra de la misma manera que aprovecha su magia a los mandos de la mesa de producción, consiguiendo un efecto que se acerca mucho más al clasicismo del reggae, el roots está  muy presente, y se aleja conscientemente de la crudeza del dancehall, con todavía presencia pero bastante más reducida, para construir un discurso algo más meloso, podríamos decir adulto, algo menos combativo y claramente más reflexivo.



Una vez más, cuándo más sorprende el Swan es cuando se sale de su propio patrón y prueba nuevos ritmos oxigenando su propuesto de manera descomunal. Y así, de la misma manera que en el anterior Bl4qkfy4h (2015) nos encontrábamos con variaciones tan refrescantes como el  descarado ska de 1979 o el misterioso y oscuro electro de 10:00 am, aquí nos deleitamos con perlas tan deliciosas y disfrutables como Kambelleh y sus melosos ritmos africanos o el synth vanguardista de Me Toman Por El Enemigo. Sin duda Swan ha dejado abierto el grifo de la creatividad pop a raudales para regalarnos su disco más bonito, facilón, pero no por ello menos disfrutable, aunque eso tampoco quita que se eche de menos al Swan más visceral y emocionante.

Puntuación 8

miércoles, 14 de marzo de 2018

TRACEY THORN (2018) Record


Imposible no hacerme eco de un disco como este Record. Tracey Thorn nos encadiló a muchos con sus Everything But The Girl, banda actualmente desaparecida que formó junto a su actual pareja Ben Watt a princpios de los 80, sus colaboraciones noventeras, entre las que destacan sobremanera las que realizó para Massive Attack, y posteriormente con sus discos en solitario, con un total hasta la fecha de cinco álbums de estudio. Con 55 años a sus espaldas y con unas ganas locas de volver a esos sonidos digitales, sintéticos (aunque nada faltos de amor y cariño con un amplio calado orgánico) e incluso discotequeros que explotó a mediados de los 90 realizando un cambio de 180º en el estilo de los Everything But The Girl después del exitazo monumental que supuso el remix que Todd Terry realizó de su Missing, la vena artísitca de la inglesa sigue en continuo proceso de creatividad. 

 

Reconocida activista femenina y luchadora incansable por las causas justas y la igualdad de género, la Thorn siempre ha sido una de mis personas favoritas más allá de su valor musical y artístico, que por cierto es de un nivel estratosférico. Record vuelve a incidir (muy necesariamente) en los mismos temas que la han preocupado durante toda la vida y que además forman parte de su cotidianedad de la misma manera que tendría que formar parte de la nuestra. Conseguir emocionarte, moverte por dentro y dejar una semilla plantada para el futuro desarrollo de nuestras mentes es algo que ella sabe hacer muy bien, y con Record ha vuelto a hacerlo, quizás de una manera más accesible y agradable, pero también de una manera más amplia y consciente. 

 

Record es un disco que irradia positivismo, alegría y actitud por los cuatro costados retomando los últimos coletazos de los desaparecidos Everything But The Girl y recordándonos el porqué de nuestro incondicional amor hacia su persona y sus canciones. Colaboraciones las justas y necesarias. Shura y la sección rítmica de las Warpaint en Air y Corinne Bailey Rae en Sister. Disco breve, con un conteo final de 35 mintuos y 9 cortes, en el que tanto la concreción estilística como la conceptual hacen que crezca sobremanera convirtiéndose en una obra tan necesaria como disfrutable.

Puntuación 8 

martes, 6 de marzo de 2018

KING GIZZARD AND THE LIZARD WIZARD (2018) Polydgondwanaland



Para una banda que tiene una regularidad para sacar discos casi tan alta como el promedio diario para ir al lavabo de un abuelete con problemas de próstata, (estamos hablando de un combo que ha facturado 13 discos en 5 años de los cuales 5 de ellos cayeron durante el pasado 2017), lo de poner a disposición de cualquiera y de  manera gratuita este Polydgondwanaland ha sido un acierto mayúsculo. Ya sabemos que lo de colgar el disco en la red para que todo el mundo pueda escucharlo de manera gratuita (ya sea través de la descarga del mismo o de la escucha indiscriminada a través de plataformas digitales como Deezer o Bandcamp) está la orden del día, pero de ahí a proporcionar todo el artwork del disco y los másters del mismo (tanto en digital como para el vinilo y el cd) para su producción en masa sin pedir nada a cambio es una jugada maestra que, al menos hasta la fecha, nadie se había atrevido a realizar.

 

Obviamente, esto ha ocasionado una vorágine de ediciones del disco en todos los confines de la tierra tan variable como incalculable. Algo que resulta enormemente beneficioso tanto para los fans, como los sellos e incluso para el propio grupo. En primera instancia son los fans los que más han celebrado la acción del combo australiano. Normalmente, los discos de los King Gizzard no se pueden conseguir por menos de 25 euros, pero para la ocasión, y teniendo en cuenta que no todo el mundo ha querido explotar el negocio poniendo el precio del disco por las nubes, hemos tenido la suerte de poder comprar en el sello francés Diggers Factory una copia de su edición de 3000 unidades (numeradas a mano) en carpeta sencilla y vinilo negro por tan sólo un mísero euro o incluso una bastante más exclusiva puesta en circulación por el sello zaragozano Analog Love de 250 copias con un artwork completamente distinto y vinilo en color por la justa cantidad de 10 euros, al menos durante el preorder, ahora ya ha subido a 15 euros en su web. Creo que son motivos más que suficientes para celebrarlo.

 

Los segundos en celebrarlo por todo lo alto han sido los sellos que han decidido sacarlo a la luz. Poner un disco en circulación del que todo van a ser beneficios y no hay que darle cuentas a nadie del precio del mismo, un tanto por ciento de las copias o incluso un tanto por ciento de las ventas, es como para celebrarlo y mucho. Si vais a la web de Discogs para echar un vistazo podréis comprobar que del Polydgondwanaland han salido nada menos que 132 ediciones distintas, ya sea en cd, vinilo o cassette. Y, obviamente, los terceros en alegrarse sobremanera han sido los propios componentes de la banda que han visto como su disco se ha editado de cientos de maneras diferentes, en tantos lugares distintos y a precios tan variables consiguiendo elevar su popularidad y su estatus de banda enrollada hasta límites insospechados.

 

Del disco poco vamos a decir. Si todavía no has tenido la oportunidad de acercarte a ellos, empezar con este Polydgondwanaland resulta bastante ideal para descubrir su engrasada mezcla de stoner, progresivo, psicodelia y rock dotada de una calidad simplemente estratosférica. Y para los que todavía no le hayan dado cera a este Polydgondwanaland por falta de tiempo (algo más que comprensible si sois de los que disfutan de su extensa discografía) decirles que, bajo mi punto de vista, estamos ante su mejor disco hasta la fecha solamente superado (o igualado al menos) por su descomunal Flying Mitocondrial Banana.

Puntuación 9